Amelia M. Doval: Ideas para compartir y meditar.

Dec 7, 2010 by

Por: José “Phepe” Giraldo Abarca.

A propósito de la reciente Cumbre G-20 de Seúl y los acuerdos alcanzados respecto a la Economía en el ahora llamado “Consenso de Seúl”, serán sus políticas las que empezaran a ser aplicadas a partir del 2011 en adelante. Su antecedente próximo data de Noviembre de 1989 cuando el economista estadounidense John Williamson impulsó un decálogo de políticas económicas aceptadas por los grupos de dominio con sede en Washington y lo llamó el “Consenso de Washington” que más tarde se convertiría en el Programa de Globalización que fue exportado al mundo y adoptado en la mayor parte de los países: Disciplina fiscal, Reordenamiento de las prioridades del gasto público, reforma impositiva, liberalización de las tasas de interés, tasa de cambio competitiva, liberalización del comercio internacional, liberalización del ingreso de inversiones extranjeras directas, privatización, desregulación y derechos de propiedad. Hoy, debido a la crisis económica mundial muchas de estas directivas estarían siendo evaluadas.  Por “coincidencia”, la autodisolución de la URSS se produjo el 25 de Diciembre de 1991 en épocas de Mikhail Gorbachev, sin embargo, se ha simbolizado la Globalización con la caída del Muro de Berlín producida el 9 de Noviembre de 1989. Este necesario preámbulo sirva para mejor entender y ubicar la serie de fenómenos económicos de los últimos tiempos, su desencadenamiento y de cómo estos estarían afectando la economía como  consecuencia de su implementación: Recesión, burbujas, estimulo fiscal, desregulación, desempleo, deflación, ralentización, relajación cuantitativa por citar algunos y otros de una mayor complejidad.  Mientras estos cambios se producían a lo largo y ancho del planeta, sus efectos tuvieron diverso impacto en la población, unos fueron beneficiados pero la mayoría perjudicados. Estando próximos a celebrar otra Navidad, es oportuno refrescar memorias por lo que he seleccionado un artículo de opinión de la escritora y filóloga cubana Amelia M. Doval, para compartirlo y meditarlo en estos días de reflexión.

Bendita clase media. La definición de los países por su estado de pobreza-riqueza se relacionaba con la propensión al aumento de la clase media. Con la industrialización se desarrolló esta clase pujante que se alejaba por los conceptos de la vieja aristocracia. La Revolución Industrial fue su carta de presentación, terratenientes e industriales adquieren sus propiedades para rendir provecho aplicando las nuevas técnicas. Con seriedad responsable y puritana demarcan como suyo el conservadurismo, haciendo que la sociedad responda paso a paso a sus normas, mientras dejan a un lado la vieja sociedad que se consume en su vida de gastos y excesos. Esta clase media comienza a crear un ciclo de mayor producción, mayores salarios, más consumidores de sus productos. La línea recta conduce a la definición final: se creó una clase media alta que es la élite que dirige los gobiernos, seguida en descenso por una clase media conforme con sus ganancias y su vida de consumo, y al final la clase baja. Con el pasar de los años que conforman el siglo XXI, la panorámica mundial está cambiando, la globalización ha llevado lo bueno y lo malo a todos los lugares del planeta. La clase media productora se siente como pieza en tornillo de banco, apretada por todos. Esta condición social y económica, aunque también cultural para Europa, es presionada por los subsidios que de su salario debe compensar. Pagar la seguridad social, los impuestos, la escuela de sus hijos, los altos intereses. Una vida que no deja espacio a las pequeñas cosas, tornándose de repente en una odisea diaria. La clase media alta voltea la vista hacia abajo para presionar y los de abajo miran hacia arriba con la esperanza de ver caer su sustento. El estado de bienestar, que hasta ahora se mostraba como un logro, pasa a ser una pesadilla. La clase media no recibe esa mano que la ayude a levantarse. En este proceso va surgiendo un nuevo escalón social. Una clase técnica, especializada y desarrollada con amplios conocimientos pero recibiendo una inadecuada remuneración y un horario de trabajo excesivo. La clase media alta, enriquecida y poderosa, desestima su intelecto. Esta es la categoría social que construye su vivienda con las proporciones de Ikea y viste de las grandes rebajas. Habla con términos en clave que sustentan los más recientes inventos tecnológicos que aceleran la comunicación. Esta generación crea una estrecha relación internáutica que es mucho más fuerte, solidaria e irresponsable porque a un toque de teclado tienes la mano del amigo que se expresa desde su soledad sin importar si alguien lo escucha o no. No se visualizan cambios sociales, ni económicos, ni culturales pero al menos hay: HDTV, Ipod, Ipad, Readers, smartphone, laptop y una lista interminable de entretenimientos que hacen llevar la vista abajo, la cabeza inclinada y muy poca idea de futuro. Amelia M. Doval, es colaboradora del periódico “El Nuevo Herald” de Miami y miembro de la Asociación de Comunicadores de Miami de nuestro amigo José (Pepe) Martel.

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