En democracia, la mayoria importa, pero no es suficiente para la gobernabilidad,

May 31, 2011 by

Por: José “Phepe” Giraldo Abarca

Mi Perú es un país de contrastes que alberga por igual a blancos, cholos, mestizos, negros, asiáticos y el colorido cruce de razas que los hacen distintos, pero siempre peruanos. Es también el país de Costa, Sierra y Selva que da vida a 30 millones de personas que profesan las más diversas religiones, siendo predominante la cristiana/católica. Es también, el país con la mayor variedad de climas, donde pasa ud. del soportable verano de la costa, al frio casi glacial de la sierra y del alto Puno, para después pasar al infiernillo de la selva, donde disfrutará de un caluroso día por la mañana, el aguacero de la tarde y terminar cálido en la noche. Y para no cansarlos, de la mas extraordinaria y exquisita gastronomía. Ese es mi Perú, tan lindo, tan hermoso, pero tan igualmente desigual. Es cierto y nadie lo discute, la pobreza ha sido reducida en los últimos cinco años del 51% al 32%, producto de un esmerado trabajo que es justo reconocerle a la administracion Garcia, pero la extrema pobreza continua siendo preocupante. La infraestructura del país ha mejorado notablemente, pero ese bienestar son posibles observarlos en Lima la Capital y en las principales ciudades.

Hay otro Perú ajeno a la realidad que vivimos los capitalinos, son los ninguneados, los marginados, los apartados de las decisiones que los afectan en lo vital, de los inconsultos, peruanos que merecen ser escuchados y atendidos, peruanos que únicamente hablan quechua y aymara. Los no incluidos. En un artículo de opinión de reciente publicación, manifesté lo siguiente: “Acostumbrado a la lectura, un día reparé en dos líneas de un largo comentario escrito por Winston Churchill a propósito de la Inglaterra de ese entonces, y las marqué con resaltador para nunca olvidarlas y siempre tenerlas presente: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”. A partir de ese momento me propuse ser tolerante y si pudiera, ser en extremo tolerante. Nada fácil y muchas veces tentado, pero le sigo haciendo la pelea”. Traigo a la memoria lo anterior, para mejor entender del porqué considero que votar por Ollanta Humala, es votar por el de menos riesgo. Humala ganó con el 33. % de los votos, que traducido en población, involucra a ese tercio del Perú. Los no incluidos. Ahora bien, el discurso y programa para la primera vuelta fue agotado y merecía ser mejorado, lo contrario, significaba un salto al vacío. La terquedad, el empecinamiento y la intolerancia a nada positivo conducen, si se desea ser presidente de todos los peruanos. En efecto, rectificó, deslindó posiciones y propuso a ese 66% una hoja de ruta, con una serie de innovaciones y precisiones que calmaran los exacerbados ánimos de una renuente clase política, de empresarios y un sector de la  población, acompañándolo de personajes vinculados a la toma de decisiones en regímenes anteriores y adalides de una economía social de mercado. Optó por concertar en búsqueda de encontrar consensos que hagan viable su ambicioso plan de inclusión social.

Obtuvo la primera mayoría en el Congreso acreditando 46 de los 130 congresistas. En democracia, la mayoría importa, pero no es suficiente para dar gobernabilidad.  Del otro lado, la Sra. Keiko Fujimori dice, y con razón: Nosotros los fujimoristas, tenemos un único plan de gobierno que fue el que presentamos al JNE. En efecto, un plan de gobierno de 48 páginas que aspira a mantener el statu quo, es decir, a más de lo mismo pero con un mayor asistencialismo. Sin embargo, sus ahora novísimas propuestas de campaña para la segunda vuelta, como son: Mi primera chamba, Calle segura, Combo escolar, Superintendencia de Derechos Laborales, Implementación de un impuesto a la sobreganancia minera, no figuraban en su único plan de gobierno entregado al JNE. La pregunta es ¿Quién entonces, cambia sus planes de gobierno? Respondiendo a un amable lector: Cuando la Sra. Keiko Fujimori fue nombrada por su padre como primera dama del Perú, en reemplazo de su madre Susana Higuchi, la Sra. Keiko Fujimori tenía 26 años de edad, lo que presume pleno conocimiento de cuanto acontecía en el Perú de los 90’, participando en esa condición, de la tercera re-reelección. En días recientes fue publicado un aviso político dirigido a la opinión pública, suscrito por politólogos del Perú y del mundo al cual me he adherido, y que resumo en lo principal: “Valoramos especialmente el régimen democrático, pues permite el pluralismo y el debate abierto, protege las libertades fundamentales y los derechos humanos, restringe las oportunidades para la corrupción y favorece el logro de acuerdos que generan desarrollos y políticas públicas a favor de la población más vulnerable.

El fujimorismo actual, lamentablemente, no ha deslindado con las prácticas que deploramos del gobierno de Alberto Fujimori. En las últimas semanas hemos visto que sus voceros han elogiado, justificado o minimizado esas prácticas, lo que nos hace imposible creer que la señora Fujimori represente una opción diferente y democrática. Por tanto, y porque creemos que la defensa de los valores democráticos es parte fundamental de nuestro compromiso con el Perú, nos pronunciamos en contra de la candidatura de Keiko Fujimori. Finamente, independientemente de quien gane las elecciones presidenciales, consideramos que habrá que mantenerse alerta ante cualquier intento de pasar por encima del Estado de derecho y de las instituciones democráticas”. La presencia de votos del extranjero, el llamado conglomerado PEX, la periferia rural más remota y un virtual empate técnico, harán poco fiables y sumamente riesgosos los resultados de boca de urna, por lo que tendremos que esperar a que sea la Oficina Nacional de Procesos Electorales la que hable y proclame al ganador.

e/mail: jfgiraldo@pacc-stamfordct.org

 

 

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