Mercados Financieros: “Danza de lobos”

Aug 24, 2010 by

Por: José “Phepe” Giraldo Abarca.

 

Fannie Mae y  Freddy Mac  las dos más grandes empresas estadounidenses dedicadas a los negocios inmobiliarios, juntas, en sus mejores momentos, alcanzaron a garantizar US$ 5.2 billones en créditos hipotecarios. El 7 de Junio del 2008 el estado norteamericano decidió intervenirlas como consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria provocado por el otorgamiento de préstamos de alto riesgo (CREDITOS SUBPRIME) a personas con un pobre historial crediticio o sin ingresos fijos. Luego, el 15 de Setiembre del 2008 el emblemático Banco de Inversiones de los EE.UU  Lehman Brothers decidió acoger su holding al capítulo 11 del código de bancarrotas tras 158 años de actividades, debido entre cosas, al requerimiento de Henry Paulson (Secretario del Tesoro durante la administración Bush) de una solución que no implicase la intervención financiera del estado y a la  carencia de un eficaz sistema de regulación y vigilancia bancaria que alertara sobre su precaria situación. Durante ese lapso y posteriormente,  se desencadenarían una serie de sucesos a nivel mundial vinculados con la Economía,  los cuales como fichas de dómino fueron desplomándose uno tras otros.

Estábamos en recesión y había que detenerla a cualquier costo. En este contexto, es  donde cobran nuevamente  vigencia los postulados de John Maynard Keynes  expuestos en su magistral obra “Teoría General del empleo, el interés y el dinero” escrita en 1936. Y fuimos los contribuyentes los que acudimos al rescate de Wall Street. El monto del plan de estimulo  económico  autorizado por la administración Obama ascendió  a la astronómica suma US$ 787,000 millones de dólares, empujados ante el evidente temor de una segunda Gran Depresión (1929). ¿Qué fue lo que  paso? ¿Qué sucedió para que la primera economía del mundo llegara a esos extremos? Para sintetizar, la falta de un adecuado sistema de control a los mercados financieros que permitiese alertar sobre el efecto perturbador que ocasiona en la economía real y del trabajo, las altamente riesgosas maniobras especulativas: bonos, mercados emergentes, commodities, derivatives, hedge fund, securitisation, propiedades etc.  A la fecha, EE.UU. ha permitido el quiebre aproximado de 119 bancos comerciales e instituciones de ahorros y préstamos, donde los peces gordos con dinero del rescate fiscal se comieron a los pequeños bajo la modalidad de conversiones y/o fusiones, consolidando al sistema bancario y haciendo mucho más efectiva la concentración de activos entre un puñado de instituciones. Ahora, son los gigantes y cuatro los megabancos que controlan el 46% de los activos y el 42% de los depósitos en el sistema bancario de los EE.UU. Ellos son: Bank of América=US$ 2,256 billones, J.P.Morgan Chase=US$ 2,027 billones, Citigroup=US$  1,849 billones y Wells Fargo Bank con US$ 1,284 billones. Lo que sorprende, es que después de Diciembre del 2007 (fecha del inicio oficial de la recesión) y cuando se preveía un holocausto sistémico debido a su comprobada fragilidad, hoy se enciendan luces de bengala y fuegos artificiales ante las débiles señales de recuperación. Y es ahora cuando surgen mayores temores. Al igual, con el precio del crédito tan barato (tasa de interés entre 0% y 0.25%) los valores de activos a la baja por efectos de la misma crisis, el contumaz comportamiento de los mercados financieros que continúan con sus apuestas de casino, y la desregulación del sistema financiero, es que cobran legítima preocupación, la alerta de quienes advierten que estamos frente a los ingredientes de una nueva burbuja.

Y se acentúan más, porque Timothy Geithner (actual Secretario del Tesoro) es un ex funcionario del Citigroup, Robert Rubin (actual asesor de Obama) siendo  secretario del Tesoro durante la administración de  Clinton  derogó con la aprobación del Congreso (1,999)  la ley impulsada por los Senadores Carter Glass y Henry Steagall  que prohibía a los banqueros acceder a los mercados bursátiles, agréguese al controversial Lawrence Summers actual director del Consejo Nacional Económico quien se desempeño como ministro de finanzas y aportó con su granito de arena para la derogatoria de la ley Glass-Steagall. Ante este panorama, no debe llamar la atención de que resurjan pensamientos económicos como los de J.M. Keynes  quien planteó la activa participación del estado con una fuerte incidencia en el gasto destinado para obras publicas capaces de combatir el desempleo en épocas de depresión, posición distinta a la hipótesis del mercado eficiente abanderada por Eugene Fama y del libre mercado de Milton Freidman, ambos de la Universidad de Chicago. Las finanzas de casino se han catapultado a un espacio sin límites y están en su mayor auge. Los megabancos cuando  apuestan y ganan, se retiran con las ganancias distribuyéndolas entre sus ejecutivos, y si fracasan, como sucedió en el pasado cercano, son los contribuyentes los que pagan la apuesta, ya que existe la percepción popularizada y no negada de que el gobierno federal impedirá el quiebre del megabanco. Siendo así, ¿Por qué se les debería permitir continuar asumiendo riesgos y que nosotros los contribuyentes financiemos sus pérdidas?  Ahora que los otrora bancos vía estimulo fiscal se han convertido en  megabancos ¿puede alguien imaginar que el estado no acuda a su rescate en caso de incurrir nuevamente en otra burbuja y/o finanzas de casino? La respuesta es obvia, y el costo sería el de una generación perdida.

Mientras tanto, el desempleo continúa imparable (14’800,000 incluidos los 7 millones desde el inicio de la recesión) con un sistema de salud al borde del colapso y con un aumento de 480,000 solicitudes de ayuda por desempleo. Por ello, deseamos encomiar la iniciativa legislativa de la cámara de representantes del Congreso quienes con votación de 223 votos a favor y 202 en contra, aprobó la creación de una nueva autoridad reguladora del mercado financiero (FINRA) así  como el de una agencia encargada de supervisar la estabilidad del sistema, conformada por el Tesoro, la Reserva Federal (Fed), el regulador del mercado de valores (SEC) y el Fondo de Garantías de Depósitos (FDIC), pese a una férrea oposición en contrario. Ahora, nos resta cruzar los dedos y que el Senado con la celeridad que el caso amerita, apruebe la ley que nos devuelve la tranquilidad y sosiego y de ser posible, los empleos perdidos.

e/mail: pegira14@yahoo.com

Stamford, Enero 2010.

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