La expansión, no la recesión, es el momento idóneo para la austeridad fiscal (JM. Keynes)

Jan 9, 2012 by

Por: José “Phepe” Giraldo Abarca.

Cuando a finales a del 2007 la recesión aterrizó en tierras estadunidenses, muchos consideraron que esta “eventualidad” seria pasajera y que más temprano que tarde, la economía despejaría nuevamente, regresando a la “normalidad”. Nada más lejano a la verdad. Un suceso, que luego desembocarían en otros 119 similares provocó alarma y preocupación mundial, el 15 de Setiembre del 2008 el emblemático Lehman Brothers colapsó tras 158 años de actividades. El impacto fue brutal, y las victimas (llámese países y desempleados) continúan sumándose. Nos vamos por el quinto año y no hay visos de una sostenible recuperación, por el contrario, este 2012 nos depara mayor incertidumbre y ralentización. Las recetas impuestas para combatir la enfermedad, que a estas alturas son una pandemia y/o metástasis generalizada, continúan siendo las mismas de los años anteriores, es decir, no sanan al paciente, si acaso lo inducen a un temporal alivio, lo agravan y lo mantienen postrado en la  Unidad de Cuidados Intensivos, hasta su total deceso. Las causas: Asfixia por incumplimiento de ajuste fiscal, Cesación de pagos (default), más otros daños colaterales, como el desempleo y hasta la indeseable pero casi probable, Depresión. Los políticos (llámese presidentes y congresistas) y los asesores y ministros en materia económica y finanzas, están todos reprobados, no aciertan una. Muchos G-8, G-20 y otras tantas Cumbres, y no hay solución plena e integral. Están tan ciegos y sordos que no escuchan ni quieren ver lo evidente.

Y con las disculpas que me merece el lector por el empleo de éste exabrupto. Nos estamos yendo pa’l carajo. Al principio de la crisis, no siendo economista, opté por mejor informarme y me sumé a la larga lista de personalidades “open mind” entendidas en la materia, que opinan que la prédica de John Maynard Keynes, es la más sensata y mejor aplicable para enfrentar la crisis. Así conocí a Paul Krugman profesor de Economía en Princeton y Premio Nobel 2008, quien respalda con sólidos argumentos las recomendaciones de Keynes, y con él, Joseph Stiglitz, Jeffrey Sachs, André Sapir y otros. Hoy 3 de Enero del 2012, un artículo de opinión de Paul Krugman publicado en El Pais.com, he decidido reproducirlo íntegramente para mejor comenzar el año,  y saber lo que nos espera en materia económica y también en lo político y social. Los debates con miras a ganar las  elecciones presidenciales estadounidenses de Noviembre 2012, permitirá conocer la propuesta económica/financiera que ofrecerán al país, Barack Obama en representación del partido demócrata y el casi candidato en representación del partido republicano, Mitt Romney. Paul Krugman: Keynes tenía razón: “La expansión, no la recesión, es el momento idóneo para la austeridad fiscal”. Eso declaraba John Maynard Keynes en 1937, cuando Franklin Delano Roosevelt estaba a punto de darle la razón, al intentar equilibrar el presupuesto demasiado pronto y sumir la economía estadounidense -que había ido recuperándose a ritmo constante hasta ese momento- en una profunda recesión. Recortar el gasto público cuando la economía está deprimida deprime la economía todavía más; la austeridad debe esperar hasta que se haya puesto en marcha una fuerte recuperación. Por desgracia, a finales de 2010 y principios del 2011, los políticos y legisladores en gran parte del mundo occidental creían que eran más listos, que debíamos centrarnos en los déficits, no en los puestos de trabajo, a pesar de que nuestras economías apenas habían empezado a recuperarse de la recesión que siguió a la crisis financiera. Y por actuar de acuerdo con esa creencia antikeynesiana, acabaron dándole la razón a Keynes una vez más. Lógicamente, al reivindicar la economía keynesiana chocó con la opinión general.

En Washington, en concreto, la mayoría considera que el fracaso del paquete de estímulos de Obama para impulsar el empleo ha demostrado que el gasto público no puede crear puestos de trabajo. Pero aquellos de nosotros que hicimos cálculos, nos percatamos, ya desde el primer momento, de que la Ley de Recuperación y Reinversión de 2009 (más de un tercio de la cual, por cierto, adquirió la relativamente ineficaz forma de recortes de impuestos) se quedaba demasiado corta teniendo en cuenta la gravedad de la recesión. Y también predijimos la violenta reacción política a la que dio lugar. De modo que la verdadera prueba para la economía keynesiana no ha provenido de los tibios esfuerzos del Gobierno federal estadounidense para estimular la economía, que se vieron en buen parte contrarrestados por los recortes a escala estatal y local. En lugar de eso, ha venido de naciones europeas como Grecia e Irlanda que se han visto obligadas a imponer una austeridad fiscal atroz como condición para recibir préstamos de emergencia, y han sufrido recesiones económicas equiparables a la Depresión, con un descenso del PIB real en ambos países de más del 10%. Según la ideología que domina gran parte de nuestra retórica política, esto no debía pasar. En marzo de 2011, el personal republicano del Comité Económico Conjunto del Congreso publicó un informe titulado Gasta menos, debe menos, desarrolla la economía. Se burlaban de las preocupaciones de que un recorte del gasto en tiempos de una recesión empeoraría la recesión, y sostenían que los recortes del gasto mejorarían la confianza del consumidor y de las empresas, y que ello podría perfectamente inducir un crecimiento más rápido, en vez de ralentizarlo. Deberían haber sido más listos, incluso en aquel entonces: los supuestos ejemplos históricos de “austeridad expansionista” que empleaban para justificar su razonamiento ya habían sido rigurosamente desacreditados. Y también estaba el vergonzoso hecho de que mucha gente de la derecha ya había declarado prematuramente, a mediados de 2010, que la de Irlanda era una historia de éxito que demostraba las virtudes de los recortes del gasto, solo para ver cómo se agravaba la recesión irlandesa y se evaporaba cualquier confianza que los inversores pudieran haber sentido. Por cierto que, aunque parezca mentira, este año ha vuelto a suceder lo mismo. Muchos proclamaron que Irlanda había superado el bache, y demostrado que la austeridad funciona (y luego llegaron las cifras, y eran tan deprimentes como antes).

Pero la insistencia en recortar inmediatamente el gasto siguió dominando el panorama político, con efectos malignos para la economía estadounidense. Es verdad que no hubo ninguna medida de austeridad nueva digna de mención a escala federal, pero sí hubo mucha austeridad “pasiva” a medida que el estímulo de Obama fue perdiendo fuerza y los Gobiernos estatales y locales con problemas de liquidez siguieron con los recortes. Claro que, se podría argumentar que Grecia e Irlanda no tenían elección en cuanto a imponer la austeridad, o, en cualquier caso, ninguna opción aparte de suspender los pagos de su deuda y abandonar el euro. Pero otra lección que nos ha enseñado 2011 es que Estados Unidos tenía y sigue teniendo elección; puede que Washington esté obsesionado con el déficit, pero los mercados financieros están, en todo caso, indicándonos que deberíamos endeudarnos más. Una vez más, se suponía que esto no debía pasar. Iniciamos 2011 con advertencias funestas sobre una crisis de la deuda al estilo griego que se produciría en cuanto la Reserva Federal dejara de comprar bonos, o las agencias de calificación pusieran fin a nuestra categoría de Triple A, o el superfabuloso comité no consiguiera alcanzar un acuerdo, o algo. Pero la Reserva Federal finalizó su programa de adquisición de bonos en junio; Standard & Poor’s rebajó a Estados Unidos en agosto; el supercomité alcanzó un punto muerto en noviembre; y los costes de los préstamos de Estados Unidos no han parado de disminuir. De hecho, a estas alturas, los bonos estadounidenses protegidos de la inflación pagan un interés negativo. Los inversores están dispuestos a pagar a Estados Unidos para que les guarde su dinero. La conclusión es que 2011 ha sido un año en el que nuestra élite política se obsesionó con los déficits a corto plazo que de hecho no son un problema y, de paso, empeoró el verdadero problema: una economía deprimida y un desempleo masivo. La buena noticia, por decirlo así, es que el presidente Barack Obama por fin ha vuelto a luchar contra la austeridad prematura, y parece estar ganando la batalla política. Y es posible que uno de estos años acabemos siguiendo el consejo de Keynes, que sigue siendo tan válido hoy como lo era hace 75 años”.

Email: pegira14@yahoo.com

Related Posts

Tags

Share This

ladrillera lima

Leave a Comment