Internacional/Latinoamerica

 Por: Jose “Phepe Giraldo Abarca

Cuando en Enero del 2008, el periódico “El Sol News” cuya sede principal se encuentra ubicada en la ciudad de Stamford/Connecticut/USA, publicó en portada: Recesión ¿Pronóstico o una preocupante realidad? un artículo de opinión de mi autoría, en su edición 792 correspondiente al periodo viernes 25 al 31 de Enero del 2008, me llovieron una cantidad de criticas mediante llamadas y correos electrónicos por considerarlo alarmante, temerario, pesimista y hubo hasta quienes lo tildaron de disparatado. ¡Como se te ocurre decir tamaña mentira! ¡Estás loco, vivimos en el primer país y con la mejor economía del mundo! ¡Tus comentarios son un absurdo! Incredulidad, desinformación o desesperación ante lo inevitable, fueron los iníciales y severos cuestionamientos de nuestros lectores. Meses después, la Oficina Nacional de Investigación Económica de los EE.UU (NBER por sus siglas en ingles) oficializó el inició de la recesión, la cual ya había aterrizado desde mediados del 2007 en tierras estadounidenses. Expertos y profesionales en dichas áreas pronosticaron respecto a que su duración oscilaría entre los 6 meses y un año, fallando estrepitosamente. Un suceso, que luego desembocarían en otros 119 similares, provocó alarma y preocupación mundial, el 15 de Setiembre del 2009 el emblemático Lehman Brothers colapsó tras 158 años de actividades. Luego, ante el evidente temor de una segunda gran depresión (1,929) la administración Obama, pese a los augurios apocalípticos, optó por un imprescindible e irrenunciable plan de estimulo por US$ 787,000 millones.

Han transcurrido tres años, y pese a los enormes esfuerzos, se percibe una pálida y lenta recuperación que se ensombrece cada vez que la Oficina de trabajo anuncia que el índice del desempleo no es posible reducirlo por debajo del 9.6% mensual, y que el acumulado asciende a 14’600,000 desempleados, de los cuales, la inmensa mayoría no tendrían nuevas expectativas de trabajo, sin considerar las nuevas incorporaciones en edad de iniciar labores, ahora agravado, por la cancelación de la extensión de los bonos de desempleo decretada por el Senado. Más aun, cuando el mercado inmobiliario se muestra renuente a mejorar su comportamiento de modo consecutivo. Ante tantas tribulaciones, hay quienes apostamos por un optimismo mesurado, confiados en que la reforma de salud y la reforma financiera, ambas, impulsadas por este gobierno, harán su trabajo y devolverán la confianza y tranquilidad a un país desconcertado y dubitativo respecto a las políticas y mensajes que provienen de los representantes demócratas y republicanos de la Cámara de Representantes y del Senado. Es decir, del Congreso estadounidense. Estamos a merced de lo que decidan por separado ya que el bipartidismo tantas veces invocado por Obama es rehusado por los republicanos, quienes confían en obtener resultados favorables en las elecciones de Noviembre próximo, en un afán por recuperar lo merecidamente perdido en las presidenciales del 2008. Me permito recordar lo anterior, porque una nueva preocupación nos asalta. La Cumbre de Toronto de los llamados G-20, no ejerció a cabalidad su rol de alcanzar un acuerdo sobre políticas de cómo reducir la deuda y el déficit publico sin menoscabo de quienes apuestan por un crecimiento sostenido. La posición de la administración Obama se reflejó en el artículo publicado el 23 de Junio en The Wall Street Journal “ Nuestra agenda para el G-20” rubricado por Timothy Geithner y Lawrence Summers, secretario del tesoro y presidente del consejo de asesores económicos de los EE.UU respectivamente, quienes reafirman: “Para mantener el impulso de la recuperación estadounidense necesitamos un crecimiento global fuerte, balanceado y sostenible”, para luego recomendar “ Debemos demostrar un compromiso para reducir los déficits a largo plazo, pero no a costa del crecimiento a corto plazo”. La posición norteamericana se encontró en solitario y sin muchos que la respalden.

La resolución del G-20, acordó un severísimo ajuste fiscal que obliga principalmente a los países de la Eurozona y entre ellos, los llamados PIIGS, a ajustarse los cinturones a niveles de asfixia por un periodo de tres años en una búsqueda desesperada por reducir los déficits fiscales a la mitad.” Recortar drásticamente el gasto en mitad de una depresión es realmente autodestructivo” “Los gobiernos están obsesionados con la inflación, cuando la verdadera preocupación es la deflación” Paul Krugman. Por ahora, y solo por ahora, la inflexible posición asumida por Ángela Merkel de Alemania, David Cameron del Reino Unido y Stephen Harper de Canadá, salió airosa, pero a un costo sin precedentes que significará entre otros, la irrecuperable pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo que se sumaran a las decenas de millones de desempleados en estado de pobreza y miseria, regados por el planeta. Ante esta lenta agonía e incertidumbre, provocada por la ortodoxia conservadora de quienes prevalecen intereses ante los sufrimientos, me aúno a las muchas voces que alertan, luego de 80 años, sobre los posibles inicios de una Tercera Depresión. En anteriores comentarios, he expresado mi adhesión a los postulados de John Maynard Keynes “Teoría general del empleo, el interés y el dinero” escrita en 1936 y otros de interés, que son de aplicación en épocas de recesión y depresión y he recogido también los comentarios del economista Paul Krugman, profesor de economía de Princeton y Premio Nobel de economía del 2008. Un reciente artículo suyo, publicado “coincidentemente” el 4 de Julio, en el periódico El País, en el Día de la Independencia de los EE.UU de Norteamérica: “La Tercera Depresión”, me exime de ahondar en mayores comentarios. Y aun a riesgo de que suene iluso: Que nuestras predicciones no se confirmen y que prevalezca el sentido común para que todos juntos aboguemos por un mejor futuro para la humanidad.

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